De acuerdo a los datos de la UNESCO, en Bolivia se lee un
promedio de dos libros por año, una de las cifras más bajas del
continente, y del mundo. En el otro extremo están países como Japón,
cuyos habitantes leen alrededor de 49 libros por año.
Los
escolares en las calles confirman aquello que señalan las cifras. “no
me gusta leer”, me parece aburrido”, “no entiendo”, son algunas de las
frases más comunes entre los estudiantes encuestados. Los padres de
familia, que dicen inculcar hábitos de lectura en sus hijos, confiesan
a su vez que rara vez predican con el ejemplo.
Los resultados de
la Prueba de Aptitud Académica aplicadas a estudiantes de secundaria en
todo el país los años 2000 y 2001 establecen que los escolares no
entienden aquello que leen.
El gobierno boliviano ha lanzado el
23 de abril un plan nacional para la lectura sostenida, proyecto que en
su fase inicial sólo alcanzará a 9 establecimientos y a un poco más de
6.000 estudiantes.
La iniciativa busca que los estudiantes de los
establecimientos participantes ocupen 10 minutos diarios para la
lectura silenciosa de algún texto de su preferencia. Las autoridades
quieren que el proyecto se convierta con el tiempo en una política de
Estado.