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[26/02/2008 9:17 am]
Acción Juvenil Católica
Los últimos cruzados de la cristiandad
El papel del Estado y el derecho de la propiedad
Nazismo y Comunismo
La ciencia ante la hipotesis evolucionista
Plinio Correa de Oliveira
21 de febrero del 2008

Los Almogávares
Los últimos cruzados de la cristiandad

Los almogávares fueron una aguerrida hueste que actuó en el Mediterráneo en tiempos de las Cruzadas. En 1302, respondiendo el llamado de auxilio del emperador Andrónico, acudieron a Oriente para abatir a los turcos en decenas de batallas pero, víctimas de una vil traición, arrasaron los Balcanes fundando, posteriormente, los ducados de Atenas y Neopatria, que pusieron bajo la soberanía del reino de Aragón
Guerreros Españoles
Partiendo hacia Oriente
Lejos de lo que se supone, la octava cruzada que capitaneó el rey San Luis de Francia en 1270 no fue la última.

En 1302, guerreros españoles que combatían en Sicilia para sostener el dominio de don Fadrique II, nieto de Pedro III el Cruel, rey de Aragón, embarcaron rumbo a Bizancio en apoyo de aquel último vestigio del Imperio Romano de Oriente, amenazado por el incontenible avance de las hordas turcas en Anatolia. Esos guerreros, violentos y salvajes, eran conocidos como “almogávares”, habitantes de las montañas de Aragón, extremadamente valerosos y violentos, que habían obrados hazañas impresionantes durante la Reconquista española
Combatientes invencibles

Se trataba de individuos altos, fornidos y curtidos en la vida al aire libre, enemigos de todo placer y confort y siempre ávidos de entrar en batalla. De ellos se dijo alguna vez que no había guerreros más feroces en toda Europa.

Su punto de encuentro antes de partir a la batalla era el Monasterio de San Juan de la Peña, en los Pirineos hispanos, lugar sagrado desde donde, capitaneados por bravos caudillos montañeses, partían al combate lanzando gritos de guerra y loas al Señor. Se cubrían con pesados yelmos, corazas y pieles de animales salvajes que ellos mismos cazaban, blandían el hacha y la espada como ninguno, dormían a la intemperie y comían carne de venado, hierbas y pan negro.

Al momento de entrar en combate aullaban como lobos y era tal la fuerza con la que arrojaban lanzas y dardos, que atravesaban escudos y armaduras con extrema facilidad.

Su nombre deriva de la expresión “al-mugawar” que en árabe significa “el que realiza correrías”. Y ese fue el tipo de actividad que llevaron a cabo cuando los aragoneses, impulsados por el desarrollo comercial catalán, se lanzaron a la conquista del Mediterráneo.

La llamada de Bizancio

Tras combatir exitosamente en Sicilia, los almogávares embarcaron hacia Constantinopla en 1302, contratados por el emperador Andrónico II Paleólogo que, amenazado por el arrollador avance musulmán, veía peligrar la existencia misma de ese último foco de cristiandad en Oriente.

Cuatro mil guerreros almogávares (aragoneses, catalanes, valencianos y mallorquíes), embarcaron en 49 naves y al mando de Roger de Flor, antiguo caballero templario, partieron hacia la capital del Imperio Romano de Oriente ávidos de batallas y aventuras.

Roger, nacido en Brindisi, Italia, en 1266, era hijo de un halconero alemán del emperador Federico II(Ricardo Blume, que en lengua germana significa “de Flor”) y de una noble dama de aquella ciudad.


Entrada de Roger de Flor en Bizancio

Roger y sus Oficiales son vilmente
Asesinados por Miguel Paleólogo
En la última Cruzada se había destacado por su arrojo durante la evacuación de los últimos cristianos de San Juan de Acre, Palestina y al ser expulsado de la Orden, acusado de sustraer sus tesoros, se convirtió en mercenario, pasando a servir a diferentes señores.

Ya en tierras de Bizancio, Roger de Flor recibió el título de Megaduque del Imperio y tras expulsar a los genoveses de la antigua capital, cruzó el Bósforo y penetró en Anatolia, para iniciar una campaña tan violenta que, al cabo de unos meses, los mismos musulmanes solicitaron la tregua.

Arrasando Anatolia


En 1303 los almogávares aplastaron a los turcos en la isla de Ceos y regresando a tierra firme, los aniquilaron en Nicea, Artecios, Magnesia, Filadelfia, Efeso y Tirra,
Arrasando toda la Turquía asiática desde el Bósforo hasta Lidia a través de Bitinia, Ankara e Izmir, deteniéndose para invernar muy cerca de las ocultas ruinas de Troya. Tan tremenda fue su campaña de saqueos, destrucción y matanzas, que los descorazonados turcos, buscando refugio, se vieron obligados a retirarse en masa a las montañas de Taurus desde donde solicitaron la paz. Nunca el Islam había experimentado castigo semejante en su propio terreno.
Firmada la paz y asegurados los territorios orientales, Andrónico mandó llamar a los españoles y premió a Roger ofreciéndole por esposa a su hija María (para algunos autores era su sobrina y para otros su nieta). Pero no todo el mundo se hallaba conforme. Los aragoneses eran un elemento temible y su jefe cobraba cada vez más fama y poder, sobre todo después de entroncarse con la familia imperial.

Infame traición


Movido por el rencor y la envidia, Miguel Paleólogo, hijo y sucesor del emperador,

Los Almogávares derrotan varias veces a los turcos en su propio territorio

Tramó un golpe apoyado por un importante número de cortesanos y por los mismos genoveses, deseosos de recuperar las posesiones perdidas en manos del guerrero.

Siguiendo un siniestro plan trazado por el príncipe heredero, el 5 de abril de 1305 se organizó un banquete en honor de Roger al que se invitó a todos sus oficiales. Y durante el transcurso del mismo, el jefe almogávar y ciento treinta de sus capitanes fueron salvajemente ultimados, lo mismo que muchos de sus soldados apostados en las inmediaciones.
 

El proceder de los bizantinos fue brutal, pero mucho más lo fue la reacción almogavar.

Los mercenarios ibéricos, enceguecidos por la furia, designaron comandante al catalán Berenguer de Entenza y se lanzaron a una terrorífica campaña de saqueos y destrucción tanto o más sangrienta que la de Anatolia, arrasando e incendiando villas, pueblos y ciudades hasta la misma Constantinopla. Grecia entera tembló y los Balcanes fueron testigos de las más atroces tropelías a las que ni mujeres, niños y ancianos lograron escapar.

En su intento por contenerles, el emperador bizantino llamó a los alanos, bravos germanos que ya habían asolado el imperio en tiempos de las invasiones bárbaras y los lanzó en su contra con el objeto de aniquilarles. Pero los españoles los masacraron degollando y mutilando a sus 9000 efectivos.

Los aragoneses llegaron a ser más temidos que los turcos y fueron necesarios ingentes esfuerzos e incluso la intervención papal, para detenerles y hacerles entrar en razón.

Las últimas campañas

Los almogávares, valerosos cruzados de España, tan vilmente traicionados, se enfrascaron en guerras internas, tanto en Bizancio como en los Balcanes, sirviendo como mercenarios a diversos señores de la región. Finalmente, tras derrotar al duque franco Gauthier de Brienne que los había contratado para combatir a Tesalia pero luego no les pagó las cantidades estipuladas (batalla del río Cefis), conquistaron Atenas y anexaron Neopatria, fundado un ducado que pusieron bajo el dominio de Aragón.

Un poderoso ejército franco fue enviado contra ellos con el objeto de recuperar esas tierras pero acabó aniquilado. Y con la llegada de los navarros a las comarcas de Albania, se reforzó la presencia española y cristiana en una región que, al cabo de unos años y con su desaparición, caería inexorablemente en las garras del Islam, que las mantendría en su poder hasta bien entrado el siglo XIX.

Impulsados por su sangre hispana y su fervor cristiano, los almogávares obraron en Oriente las mismas proezas que en sus tierras de España y en la isla de Sicilia, aterrorizando a sus enemigos y castigando a los traidores con una saña tal que, a partir de sus correrías, famosa se hizo en Europa la frase “Venganza catalana te alcance”. Y lejos de lo que aconteció con los ejércitos franceses, alemanes e ingleses que marcharon a Tierra Santa, jamás conocieron la derrota por parte del infiel.

Con esa misma gente, España conquistaría el mundo y llevaría la fe de Nuestro Señor Jesucristo a los más apartados rincones de la Tierra.

Cifras escalofriantes

Las campañas de los almogávares en la península de Anatolia acabaron con la vida de 31.000 turcos, 18.000 de ellos tras el desastre del monte Tauro.

Allí un ejército de 40.000 efectivos de infantería y caballería abandonó el campo de batalla dejando a sus espaldas 18.000 muertos y centenares de heridos. Durante su incursión punitiva por la península balcánica, tras el asesinato a traición de Roger de Flor, masacraron a 26.000 griegos y 9000 mercenarios alanos que envió contra ellos el emperador.

Si a ello agregamos los 3000 genoveses que perecieron a su llegada a Constantinopla, el ejército del duque Gauthier que derrotaron a orillas del Cefis y el ejército franco que despachó desde Europa el rey de Francia para recuperar sus posesiones, las cifras se tornan espeluznantes.

Los Almogávares tenían por costumbre no hacer prisioneros mayores de diez años.


20 de febrero del 2008

El papel del Estado y el derecho de propiedad


Indice de Textos Pontificios

Introducción

El Estado, mantenedor del equilibrio social

Puede parecer espantoso afirmar que la jerarquía social, mantenida en los debidos límites, debe ser protegida por la ley. ¿Los fuertes, aunque sean habitualmente minoría, no se defienden bien por sí mismos contra los débiles?

Sí. Pero no siempre los más educados, más nobles o más ricos son los más fuertes. Hay situaciones en que la multitud desenfrenada u organizada oprime a las clases dirigentes. El sindicalismo norteamericano inspira recelo, en este sentido, a varios políticos de los Estados Unidos. En tales casos, corresponde al Estado intervenir en defensa de la justicia y del equilibrio orgánico de la sociedad.

En otras situaciones, los más débiles son mayoría. Entonces. deberá la ley asumir la defensa de sus derechos. Por otra parte, el fomento de la participación en los beneficios (1) y del acceso del trabajador a la condición de propietario (2) está en esta línea.

En suma, la acción del Estado debe ser orientada, como dijimos, hacia la conservación del equilibrio y de la concordia entre las clases y no hacia la participación en una lucha de exterminio de una contra otra.

Acción subsidiaria del Estado

Ya que se habló de intervención del Estado, es necesario formular aquí un principio sin el cual no se puede comprender su posición según la doctrina católica. Es el principio de subsidiariedad, o función supletiva: la familia únicamente hace por el individuo lo que éste no puede hacer por sí solo; el Municipio, a su vez, sólo hace por la familia lo que ésta no puede hacer por sí misma. Y así el Estado en relación al Municipio. Es una escala en que cada grado es subsidiario del otro. En lugar de hacer todo por sus propios medios, el Estado debe respetar cuidadosamente la esfera de acción de la familia, de las asociaciones profesionales y de la Iglesia.

Textos León XIII, Rerum Novarum, 1891


El estado no debe atentar contra la propiedad privada

"Para remedio de este mal (la opresión de los proletarios por un pequeño número de ricos) los Socialistas, después de excitar en los pobres la envidia a los ricos, pretenden que es preciso acabar con la propiedad privada, y substituirla por la colectiva, en la que los bienes de cada uno sean comunes a todos, atendiendo a su conservación y distribución los que rigen el municipio o tienen el gobierno general del Estado.

Pasados así los bienes de manos de los particulares a las de la comunidad y repartidos, por igual, los bienes y sus productos, entre todos los ciudadanos, creen ellos que pueden curar radicalmente el mal hoy día existente. Pero este su método para resolver la cuestión es tan poco a propósito para ello, que más bien no hace sino dañar a los mismos obreros; y es, además, grandemente injusto, porque hace fuerza a los que legítimamente poseen, pervierten los deberes del Estado e introduce una completa confusión entre los ciudadanos" (12).

Principalísimo deber del Estado:
Defender la propiedad contra el igualitarismo

"Lo más fundamental es que el gobierno, debe asegurar, mediante prudentes leyes, la propiedad particular. De modo especial, dado el tan grande actual incendio de codicias, preciso es que el pueblo sea contenido en su deber, porque si la justicia les permite por los debidos medios mejorar su suerte, ni la justicia ni el bien público permiten que nadie dañe a su prójimo en aquello que es suyo y, que bajo el color de una pretendida igualdad de todos, se ataque la fortuna ajena" (8).


No se puede abolir la propiedad particular
con impuestos excesivos


".. que no se abrume la propiedad privada con enormes tributos e impuestos. No es la ley humana, sino la naturaleza la que ha dado a los particulares el derecho de propiedad, y por lo tanto, no puede la autoridad pública abolirlo, sino solamente moderar su ejercicio y combinarlo con el bien común. Obrará, pues, injusta e inhumanamente, si de los bienes de los particulares, extrajera, a título de tributo, más de lo justo" (13).

Pío XI, Quadragesimo Anno, 1931


Elogio del principio de la función supletiva


"Como es ilícito quitar a los particulares lo que con su propia iniciativa y propia industria pueden realizar para encomendarlo a una comunidad, así también es injusto, y al mismo tiempo de grave perjuicio y perturbación para el recto orden social, confiar a una sociedad mayor y más elevada lo que pueden hacer y procurar comunidades menores e inferiores.

Toda acción de la sociedad debe, por su naturaleza, prestar auxilio a los miembros del cuerpo social, mas nunca absorberlos y destruirlos.

Conviene que la autoridad pública suprema deje a las asociaciones inferiores tratar por sí mismas los cuidados y negocios de menor importancia, que de otro modo le serían de grandísimo impedimento para cumplir con mayor libertad, firmeza y eficacia cuanto a ella sola corresponde, ya que solo ella puede realizarlo, a saber: dirigir, vigilar, estimular, reprimir, según los casos y la necesidad lo exijan.

Por lo tanto, tengan bien entendido esto los que gobiernan: Cuanto más vigorosamente reine el orden jerárquico entre las diversas asociaciones, quedando en pie este principio de la función supletiva del Estado, tanto más firme será la autoridad y el poder social, y tanto más próspera y feliz la condición del Estado" (9).


Pío XII, Discursos y Radiomensajes, 1949-1954


Función del Estado: absorber, no; proteger, si


"¿Cuál es...la verdadera noción del Estado, sino la de un organismo moral fundado sobre el orden moral del mundo? No es una omnipotencia opresiva de toda autonomía legítima.

Su función, su magnífica función, por el contrario, es favorecer, auxiliar, promover la íntima alianza, la cooperación activa en el sentido de una más elevada unidad de miembros que al mismo tiempo que respetan su subordinaci6n al fin del Estado, promueven del mejor modo el bien de la comunidad, precisamente en la medida en que conservan y desenvuelven su carácter particular y natural. Ni el individuo ni la familia deben ser absorbidos por el Estado.

Cada uno conserva y debe conservar la propia libertad de movimientos, mientras no promueva el riesgo de causar perjuicio al bien común. Además, hay ciertos derechos y libertades de los individuos - de cada individuo - o de la familia, que el Estado debe proteger siempre y no puede violar ni sacrificar, a un pretendido bien común. Nos referimos, para no citar más que algunos ejemplos, el derecho a la honra ya la buena reputación, al derecho y a la libertad de venerar al verdadero Dios, al derecho originario de los padres sobre los hijos y sobre su educación" (11).


El impuesto no puede servir de instrumento para el intervencionismo "No hay duda respecto del deber de cada ciudadano en contribuir a los gastos públicos. Pero el Estado, por su parte, en cuanto encargado de proteger y promover el bien común de los ciudadanos, está obligado a repartir entre ellos únicamente los gastos necesarios, proporcionales a sus recursos. Por consiguiente, el impuesto no puede nunca tornarse para los poderes públicos un medio cómodo de saldar el déficit provocado por una administración imprevidente, o de favorecer una industria o un ramo de comercio a costa de otros igualmente útiles" (14).

El totalitarismo invasor, una tentación para el Estado; la obediencia al principio supletivo, un deber
"La fidelidad de los gobernantes a este ideal (de proteger la libertad del ciudadano y servir al bien común) será, además, su mejor salvaguarda contra la doble tentación que los acecha, ante la amplitud creciente de su tarea: tentación de flaqueza, que los haría abdicar bajo la presión conjugada de los hombres y de los acontecimientos; tentación inversa de estatismo, por la cual los poderes públicos se substituirían indebidamente a las libres iniciativas privadas para regir, de manera inmediata, la economía social y otros ramos de la actividad humana.

Ahora bien, si hoy no se puede negar al Estado un derecho que le recusaba el liberalismo, no es menos verdad que su tarea no es, en principio, asumir directamente las funciones económicas, culturales y sociales, que dependen de otras competencias; su cometido, por el contrario, consiste en asegurar la real independencia de su autoridad, de manera que pueda conceder a todo lo que representa un poder efectivo y valioso en el país, una parte justa de responsabilidad, sin peligro para su propia misión, de coordenar y de orientar todos los esfuerzos para un fin común superior" (15).


Economía normalmente sujeta al estado:
inversión del orden de cosas.

"No hay duda que también la Iglesia - dentro de ciertos límites justos - admite la estatización y juzga que se pueden legítimamente reservar a los poderes públicos ciertas categorías de bienes, aquellos que llevan consigo tanta preponderancia económica que no se podría, sin poner en peligro el bien común, dejarlos en manos de los particulares (Encíclica "Quadragesimo Anno" - A.A.S. Vol XXIII, 1931, pág 214).

Pero convertir tal estatización en una regla normal de la economía sería trastornar el orden de las cosas. La misión del derecho público es, en efecto, servir al derecho privado, pero no absorberlo. La economía - por lo demás, como las restantes ramas de la actividad humana - no es por su naturaleza una institución del estado; por el contrario, es el producto viviente de la libre iniciativa de los individuos y de sus agrupaciones libremente construidas" (16)


Juan XXIII, Radiomensaje de Navidad, 1959


Nazismo y Comunismo
¿sistemas rivales u objetivos comunes?

¿Cuántas veces, en nuestras universidades, oímos decir que el nazismo y el comunismo son sistemas opuestos?

Curiosamente, siempre que se dice esto, existe una simpatía - unas veces declarada, otras no - por el comunismo.

A los incautos les puede parecer que el nazi-fascismo y el socialismo son diametralmente opuestos en sus teorías, pues los defensores de la izquierda crean un mito que distancia infinitamente aquellas doctrinas, contrariando la irrefutable realidad de los datos que prueban la existencia de una estrechísima vinculación entre las mismas.

De entre las innumerables semejanzas que identifican al nazi-fascismo con el socialismo podemos destacar algunas, tales como el mismo origen ideológico, y por ende, la doctrina atea, dialéctica, socialista y totalitaria de ambas.

A pesar del mito creado por los socialistas, no podemos dejar escapar a nuestro entendimiento que los ideólogos del fascismo, del mismo modo que Marx, remontaron a Hegel la elaboración de su teoría, adoptando la dialéctica extraída de aquel pensador.

En efecto, no sería exagerado afirmar que el nazi-fascismo y el socialismo tienen a la dialéctica relativista de Hegel como génesis y fulcro. Hegel, por su parte, adoptó todas las proposiciones de Heráclito [540 a 480 A.C.], famoso defensor de la tesis de que la realidad plena e inmutable no existe.

Tal concepción destruye todas las nociones de verdad; nada subsiste de absoluto ni de definitivo, y menos de sagrado.
Nazismo
Comunismo
"El movimiento nacional-socialista tiene un solo maestro: el marxismo"
(Goebbels, "Kampf um Berlin", p. 19)
"Nosotros, comunistas, somos discípulos de Marx y Engels"
(Thorez, Discurso de 28/10/37. Ed. Comité Popular de Propaganda)
"No queremos más a Dios que a Alemania"
(Hitler,"Bayrischer Kurier" de 25/5/23)
"Dios es un enemigo personal de la sociedad comunista"
(Lenin, carta a Gorki)
"Todo del Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado"
(Mussolini, Discurso a la Cámara de los Dip. 9/12/28)
"La Dictadura del Proletariado es una dominación no restringida por la ley y basada en la fuerza"
(Lenin, "El Estado y la Revolución")
"Nosotros somos socialistas, y enemigos mortales del actual sistema económico capitalista".
(Der Nationalsocialismus, die Weltanschauung des 20 Jahrhunderts)
No es necesario probar lo obvio.
"Los niños son educados en común por educadoras experimentadas en maternidades especiales."
(Dupre, "Weltanschauug und Rassenzuechtung")
"Nos acusan de querer abolir la explotación de los hijos por sus padres. Pues bien, confesamos ese crimen".
(Marx y Engels, "El Manifiesto Comunista")

Existe otra semejanza: el nazi-fascismo y el socialismo siguen una doctrina dialéctica y atea.

Marx, de la misma manera que Mussolini, vislumbraba la "perecible" realidad histórica como una síntesis resultante de una antítesis que se contraponía a una tesis. Para ellos la dialéctica se constituía en un instrumento de transformación de lo real. Por eso afirmaba Mussolini que la lucha es el origen de todas las cosas y Marx decía que la lucha de clases era una ley histórica.

Otra interesante semejanza entre los sistemas que estamos tratando es que ambos son defensores del socialismo y aspiran a establecer un Estado totalitario. En ese sentido ya se orientaba la obra nazi ''Der Nationalsocialismus'' con la siguiente afirmación: ''nosotros somos socialistas y enemigos mortales del actual sistema económico capitalista''.

No podemos olvidar el hecho de que el nombre del partido nazi, traducido del alemán, era Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes. Goebbels en ''Kampf Um Berlim'' ya afirmaba: el movimiento nacional socialista [nazista] tiene un solo maestro, el marxismo.

También Lenin en ''El Estado y la Revolución'' definía: "la dictadura del proletariado es la dominación no restringida por la ley y basada en la fuerza".

Finalmente, después de un rápido análisis del nazi-fascismo y del socialismo, nos restan algunas indagaciones: ¿será que hay una substancial diferencia entre los sistemas citados o será que aquel tan procurado punto de divergencia no pasa de un envoltorio ilusorio creado por los espíritus revolucionarios e izquierdistas de las varias épocas?

¿A quien beneficia la existencia de esta distancia entre uno y otro?

 

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