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El mes de la patria, como de manera correcta se le llama al periodo comprendido entre el 26 de Enero y el 27 de Febrero, es un buen momento por la carga simbólica que representa para hablar de nuestra compromiso como jóvenes con el país y de la necesidad de asumir la responsabilidad histórica de liberar la nación del yugo de la corrupción, el clientelismo, el entreguismo de nuestros recursos naturales, y la miseria que la carcomen.
Los jóvenes que sustentamos las ideas de una patria para todos, no vamos a eludir nuestro compromiso histórico de levantar las banderas que nos legaron Duarte, Luperón, Manolo y tantos otros jóvenes que en sus respectivos momentos históricos supieron decir presente. Fue con apenas 25 años que Juan Pablo Duarte fundo la trinitaria y desde entonces lo mejor de la juventud ha sabido tomar las banderas del amor al prójimo y el sacrificio para luchar porque cada dominicano viva con dignidad, en un verdadero estado de derecho y de justicia social.
Vivimos en una sociedad extraña, por un lado se nos incita al consumo desenfrenado, al uso de drogas y a la violencia mediante la radio y la televisión. Por otro, 36 de cada 100 jóvenes se encuentra sin empleo, los sueldos y salarios no alcanzan y nos vemos obligados a buscar ingresos adicionales. Se habla de educación pero la realidad es que en esta larga noche de desgobierno y destrucción de la nación se acabo con la escuela hostosiana formadora de sujetos críticos, capaces de pensar y aferrados a la ideas de progreso, sustituyéndola por una escuela repetitiva, que no enseña a pensar y que educa para la miseria espiritual y la inacción.
Se habla de educación y sólo se presentan obras de relumbrones, que justifiquen enormes desembolsos que van a los bolsillos de los funcionarios. La realidad es que se invierte meno del 2% por ciento del Producto Interno Bruto, situándonos por debajo del 4% de América Latina, sólo Haití invierte menos en educación. Y ni hablar de salud que la situación es peor.
Con un 15% de analfabetos, con una escolaridad promedio de 4to grado de la primaria, sin salud, sin empleos, en una sociedad donde se fomenta el crimen y la violencia, donde un joven le tiene más temor a un policía que a cualquier delincuente del barrio, no nos que cada más camino de rebelarnos ante este estado de destrucción nacional.
Y aquí no se trata de simplemente expresar nuestro disgusto mediante la ropa o la música, eso esta bien y es un derecho que nos asiste. Se trata de ir más lejos, el punto es que debemos organizarnos, comprometernos debemos demostrar que nuestra generación esta a la altura de los retos, debemos interiorizar la tesis de un gran filosofo Alemán de que lo que se trata es de transformar el Mundo.
Hoy en esta salón esta parte de lo mejor de la juventud dominicana y tenemos que tener claro que debemos conquistar los corazones y las mentes de cada joven en esta tarea de salvación. Si no asumimos nuestra responsabilidad con conciencia no quedaran en poco años ríos, ni playas que defender, y seguramente nuestros hijos heredaran el enorme peso de la deuda externa
Estamos obligados a ser creativos, con nos enseña Simón Rodríguez, a desaprender y a buscar lo mejor del presente y el pasado para armarnos de la ideas y principios que nos permita transformar la nación.
Debemos aprender de Cristo y su compromiso con los pobres, de Duarte que concebía nuestra nación como la suma de cada dominicano y dominicana, y por tanto el bienestar de la misma estaba estrechamente ligado al bien colectivo y así lo afirma cuando dice: “Trabajemos por y para la patria, que es trabajar para nuestros hijos y para nosotros mismos. Trabajemos, trabajemos sin descansar, no hay que perder la fe en Dios, en la Justicia de nuestra causa y en nuestros propios brazos”.
Hemos dado el paso al frente ante el llamado de construir un patria para todos y lo haremos en nuestra casa, en nuestra calle, en la escuela y en nuestro trabajo. Construir una patria para todos implica compromiso que se debe expresar en niveles de organización.
Sólo la unidad con el pueblo nos llevara a la victoria, nuestro deber es sacar lo mejor de los dominicanos para construir y debemos de recuperar el orgullo.
Este es un pueblo que ha demostrado un valor extraordinario y que ha derramado demasiada sangre valiosa. Merecemos vivir dignamente en nuestra propia tierra.
Concluyo mis palabras recordando el llamado de nuestro padre fundador: “Seguid, jóvenes amigos, dulce esperanza de la patria mía, seguid con tesón y ardor en la hermosa carrera que habéis emprendido y alcanzad la gloria de dar cima a la grandiosa obra de nuestra regeneración. política, de nuestra independencia nacional, única garantia de las libertades patrias. Dios, Patria y Libertad Seguid, repito, y vuestra gloria no será mejor por cierto que la de aquellos que desde el 16 de julio de 1838 vienen trabajando en tan santa empresa vajo el lema venerable de Dios, Patria y Libertad, que son los principios fundamentales de la República Dominicana”.
(Primer acto Publico del MPT 16 de febrero del 2008)
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