Era un día de crudo invierno, en donde ni la lana más fina del reino podía aislar el frío que parecía llegar hasta los huesos de un mensajero Real que lo único que lo mantenía templado y con vida, era el orgullo que albergaba su corazón al ser encomendado de anunciar tal mensaje.
Caminó durante tres meses a través de bosques que en su interior no contenían más que terror, capaz de transformar en una niña caprichosa al más valiente de los caballeros.
Finalmente llegó y se paró durante 3 segundos mirando maravillado las enormes puertas de aquel monumental castillo intimidante por su tamaño.
Tímidamente golpeó tres veces la ventanita en donde un centinela de aspecto tan fiero que la ausencia de su alma se veía reflejada por la falta de las piezas dentales, perdidas, seguramente, sacando intrusos de los bailes V.I.P´s del Reino.
El mensajero, infló su pecho de aire y valor, desinflándolo casi al instante y pronunció:
-Maestro, podré pasar que tengo que decirle algo a la princesa, ahí...
-¿De donde proviene y que desea?- preguntó el vigilante poniendo su dedo sobre el botón de la alarma.
-Eh..., creo que no me entendiste, yo soy un laburante como vos campeón, a mí me mandó el Príncipe Naranjo II, del Reino Salteño pa´ decirle algo a la hija del Rey Sanducero XI-.
-Ah, si, me mandaron un mail para avisarme que venías- dijo el guardia con actitud conciliadora.
-Una preguntita, ¿el Rey Sanducero XI ese, es algo de Benedicto?-.
-No, o sea, si, pero hubo un quilombete familiar y medio que se pelearon, me parece que fue por religión o las plantas de celulosa, algo de eso era.- respondió el guardia abriendo la puerta e invitando a pasar al huésped.
Una vez dentro del castillo el mensajero quedo encantado y con su mente en blanco ante tal lujo que existía dentro de la fortaleza.
Recorrió asombrado las calles de aquello que para él era un paraíso terrenal, escoltado por el custodio quien a pesar de no estar vigilando con vehemencia las puertas del castillo, nunca dejó de estar atento a los acontecimientos que se suscitaban en las cercanías de la entrada desde su centro de control portátil.
Se adentró al palacio y allí entre arlequines que animaban al menor de los herederos reales hasta los contadores que acosaban al monarca con negocios deficitarios por gastos innecesarios q iban desde la ropa diseñada por Christian Dior hasta enchulamientos exagerados de sus carros (más pomposos aún que la tercera temporada de “Enchulame la Maquina”).
Pero el tipo era un fan del Tunning así que poco le importaba lo que le dijeran los profesionales.
El encomendado del príncipe se acercó al Rey y con el más profundo respeto preguntó:
-Che, Rey, ¿esta el fruto de tu vientre por acá?
-¿Quién pregunta? Cuestionó el Rey enfurecido pero satisfecho a la vez, tras mandar a decapitar a tres de sus mejores contadores.
-Yo soy algo así como la paloma mensajera del Naranjo II y me dijo que él ya te había dado las cabras a cambio de tu hija, y yo se la tengo que llevar ahora.
-Ah... si, si, tres tenían aftosa así que el coito será interrumpido, al menos hasta el día de la boda.
Tras pronunciar ésta cláusula, la princesa, que era hija de “Su Majestad”, por eso era princesa, apareció tímidamente y rengueando.
-¡Apa!, pero viene fallada de fábrica, eso del coito interrumpido lo vamos a tener que ver nuevamente.
-¿Porqué cojeas hija mía? Preguntó el Rey indignado.
-Precisamente ese es el problema, que no le veo la cara a dios desde la última invasión vikinga-.
-No, querida mía pregunto ¿porque estás rengueando?
-Ah, es que el cinturón de castidad que me pusiste me está matando, me parece que quedo un poco apretadito-.
-Oh, eso explica lo morado de tus piernas- dijo el rey.
El portador del mensaje, ni bien la vio llegar quedó perplejo ante tanta belleza que irradiaba ésta fémina. Quedó un segundo absolutamente en blanco y antes de hablar ya se había imaginado levantando las nobles enaguas de la doncella.
El monarca entregó las llaves del cinturón de castidad al enviado y lo invitó a realizar un festín en conmemoración del matrimonio de su hija, ya que el día de la boda el Rey no podría asistir a la realización de las nupcias, porque iban a pasar en el cable “El Señor De Los Anillos I” y no se la quería perder, así entendía la segunda, y además debido a que estaba por llegar la tercera parte al cine del reino.
El sol ya no iluminaba el lugar, y la penumbra de la noche trataba de escapar a las antorchas que alumbraban las calles.
Dentro del comedor real, el encargado de proteger y llevar a la princesa a salvo con su amado y desconocido esposo, viajaba por un mundo de fantasías sexuales que incluían los más bajos instintos.
Y la princesa que era bastante guarrita, comenzó a tocar sus piernas por debajo de la mesa en donde se le brindaba esa cena que para su padre era tan especial.
Una vez terminada la comida y tras haber ingerido la ensalada de frutas (postre real del lugar) subieron cada cual a sus diferentes alcobas, pero en el momento en que en el castillo parecía dominar el silencio, la princesa escapó de su cuarto al encuentro con el mensajero, quien parecía que mágicamente había ganado la llave de su corazón y de su cinturón de castidad.
El plebeyo mensajero no daba crédito a lo que estaba viviendo, no porque era la mujer de su patrón, sino porque era feo como patada en los huevos y nunca ligaba nada.
Escapó al fuego de esa relación carnal por un momento, solo para prender su webcam ya que un hecho de tal características no podía quedar solo en su memoria sino que sus amigos deberían observarlo en acción.
Tras el acto sexual (del que aunque fue salvaje, no voy a dar detalles porque se convertiría en un relato erótico) el mensajero “colgó” su video en YOU TUBE, de allí fue que lo vio el hermano adolescente del príncipe (que como suponen era bastante onanista) éste se lo mostró y enfurecido, Naranjo II quién prohibió rotundamente la entrada de los pobladores que provenían del reino de Sanducero XI, declarando así la guerra eterna al pueblo vecino.
Años más tarde las tierras pasaron a manos del mensajero que por atender bien a la princesa llegó al trono.
Y es desde ese momento que lo lugareños de Salto y Paysandú están enfrentados con una rivalidad incomparable.
Esto nos deja como moraleja que nunca esclavices a un mensajero feo y virgen para obligarlo a chamullarse a la mina que te gusta, porque el padre de ésta le puede dar la llave de su cinturón de castidad. Al menos asegurate que te la manden por correo (a la mina, porque hasta el momento no se inventó un cinturón de castidad bucal... y de eso si que no se vuelve...)