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Tiemblas, no es de frío, pero tiemblas, a veces te ocurre... y con ese súbito temblor dejas el aire cuarteado...
Mientras, yo, cual linotipista voy tejiendo mi suerte y muy bajito me predigo a mi mismo mis propios salmos.
Tu tienes tus propios mocezuelos los cuales arrastras desde la infancia, aunque por otra parte ya estas en tu edad adulta....
Pero sigues siendo un niño...
Repliego hábilmente mis apósitos sobre tus desesperanzas pero la Fe no coagula, es inútil, y aunque me considero canchero en estos temas una vez mas, muy a mi pesar, ante mis ojos te desangras...
Has ordeñado mi leche...
Mírala, es agria.
Exprimes mi jugo, pero estas lejos.
Mi otro “yo” sigue en esta misma bifurcación en la que me consumo desde hace meses... no llegas...no me salvas...
Todo permanece quieto, mientras en las sombras esa fiera en la que te has convertido
no deja de acecharme, como si los roles se hubieran invertido y ahora fueras tu quien me somete...
Y aprecias mi sabor, saltas sobre mi y de una dentellada certera me desgarras, comes mi carne como aquel que se consagra a dios por primera vez, despacio pero con bocados certeros...
Me das la estremaución de antemano, no puedo escapar y lo sabes, mi parte del embudo es mas estrecha...
Me entupes la cintura, no puedo respirar, no puedo gritar, la sangre corre a borbotones por mi garganta...
La oscuridad anula mis sentidos, no siento mis latidos, no siento dolor...
Y finalmente mi luz se apaga como algo que nunca hubiera existido...
Tu, mi bien, tu que tanto me quieres eres el que me mata.
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