|
Principio El silencio del principio está siempre en nosotros. Yo quiero tocar esa esencia desde mi esencia o desde el oscuro caos que sugiere el universo. La materia, como nombre, no significa nada; las cosas son cosas igual, y uno puede decir: “La noche muere” o “Muere la noche” o “Noche la muere” o “La muere noche” o (con una metáfora) “La luna asesina” o “Luna la asesina” o “Asesina la luna”, etc. Quisiera decir otras palabras: las que nadie ha dicho, las mías, las que surgen como caídas de la tierra. He pensado mucho y ya no quiero pensar, sino más bien decir: “Naftalina” de cuerpo erguido sobre el remanso tibio de un otoño. No, no, no... La paciencia ha surgido del miedo al “Virrey Arredondo”, de la melancolía de estar de pie sobre el cráter empedernido en vicio. Noche que no descansas, descálzate ante mí como pájaros que iluminan el firmamento inoportuno, en insípido de las nomenclaturas: deícticos engranajes lógicos que llenan las mañanas de compromisos. Mis ojos no pueden ver otra cosa más que... estructuras por llenar: una manzana en la cabeza que suturo en una flecha mal nacida. ¡Qué manjar!, ¡Qué manjar! Es la existencia toda, la que invade el paladar de una repugnancia atroz que hay que remplazar por sonidos y conceptos establecidos para esa función. Propongo una sustancia sin formas, propongo significantes: ya sin conceptos, ya sin sonidos. Y no me siento culpable, sólo pienso que las cosas se pierden para invadirme. Hernán Tenorio 18/19/ 08/06
|