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hernán tenorio's blog
última actualización en: 29/08/2007 12:11 pm

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Hernán F.Tenorio

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   Principio
[01/02/2007 6:37 am]
Principio
 
El silencio del principio
está siempre en nosotros.
Yo quiero tocar esa esencia
desde mi esencia
o desde el oscuro caos
que sugiere el universo.
 
La materia, como nombre,
no significa nada;
las cosas son cosas igual,
y uno puede decir:
 
“La noche muere”
o
 
“Muere la noche”
o
 
“Noche la muere”
o
 
“La muere noche”
 
o (con una metáfora)
 
“La luna asesina”
o
 
“Luna la asesina”
o
 
“Asesina la luna”,
 
etc.
 
Quisiera decir otras palabras:
las que nadie ha dicho,
las mías,
las que surgen como caídas de la tierra.
 
He pensado mucho
y ya no quiero pensar,
sino más bien decir:
                                  “Naftalina”
de cuerpo erguido
sobre el remanso tibio de un otoño.
 
No, no, no...
La paciencia ha surgido del miedo
al “Virrey Arredondo”,
de la melancolía de estar de pie
sobre el cráter empedernido en vicio.
 
Noche que no descansas,
descálzate ante mí
como pájaros que iluminan el firmamento inoportuno,
en insípido de las nomenclaturas:
deícticos engranajes lógicos
que llenan las mañanas de compromisos.
 
Mis ojos no pueden ver otra cosa más que...
estructuras por llenar:
una manzana en la cabeza
que suturo en una flecha mal nacida.
 
¡Qué manjar!, ¡Qué manjar!
Es la existencia toda,
la que invade el paladar
de una repugnancia atroz
que hay que remplazar por sonidos
y conceptos establecidos para esa función.
 
Propongo una sustancia sin formas,
propongo significantes:
ya sin conceptos,
ya sin sonidos.
Y no me siento culpable,
sólo pienso que las cosas se pierden para invadirme.
 
 
Hernán Tenorio
18/19/ 08/06

   Pelple
[05/02/2007 8:26 am]
Pelple[1]
Nenua albilico
nua cheno etñasue:
edin cotsa enchesto,
desater olonvalo,
calpresto ed nuo,
platso cuor ne al
                              silpem.
Pelple, nuas horrendo,
levele desto in mortel.

 

La nada[2]
En una cabeza adentro
la noche te sueña:
de la cosa enserio,
al desatar el círculo,
enseguida es uno,
el que no ha venido
                              siempre.
Esa inmensa nada, de nuevas canciones,
se eleva hacia la vida.

 

Todo lo inmenso[3]
Dentro de una cabeza
sueña contigo la noche:
porque un objeto verdadero,
al desenredar un ovalo,
en ese instante es alguien,
el que no ha llegado
                                    nunca.
Todo lo inmenso, de novedosos cantos,
se yergue hasta lo naciente.

 

Inmensidad vacía[4]
Llevo, el tiempo en el cobertizo de un...,
me abren paso las polleras.
Todo es en sueño,
me recuesto en la cobija,
 y a mis pies,
la sabiduría descansa.
El viento se mece
casi insólito
en  el aire
                enrarecido.
El poema habla,
a veces,
de un centro que,
se descentra incontrolable.

 

 

Vídolo Antibio (Hernán Tenorio)


[1]En caso de necesitarlo, llene los significantes para obtener un significado con carga semántica; de lo contrario, guíese por las traducciones que aparecen a continuación.      
[2] Traducción de Horacio Sinfín para el Colectivo Menardiano, Nº 2, Bogotá, Colombia, marzo de 1988.
[3] Traducción de Luis Bentos Nunca para la revista literaria Octoneutro, Nº VI, Madrid, España, julio de 2000.  
[4] Traducción (versión libre) de F.S.R. Bueno para la revista Paradoxas, Nº XXI, Santiago De Chile, octubre, 1999.

   Algunos poemas
[23/04/2007 8:44 am]
I[1]

 

El blanco se pierde en lo más profundo del negro. Así, sin referencia a nada, porque todo concluye en un olvido de la vida diurna. De los cohetes lanzallamas y las proporciones exorbitantes, hasta donde nadie sabe, está lo único y verdadero. Porque allí, es supremo estar de cabeza con las manos sueltas y el brillo del astro hipnótico directo en el rostro. Quién sabe que patada es más degenerada, si todo se calla dentro de una burbuja.
Huele a hielo cuando se toca el abismo, abismo que no deja de desaparecer para aparecer en otra forma: el dibujo sin líneas, donde todo es color y sólo hay grises, y gentes con paraguas rojos. Aunque el blanco es dulce y el azul áspero y el negro es fresco; más adelante no se comprende, porque no hay palabras.

 

 

II

 

Miles de voces gritando como grillos saturan la quemazón del tiempo libre; un lugar de fuego masivo en columpios de madreselvas atónitas, un rayo, mondadientes, artículos de plástico, productos de porcelana, variedad de cosas sin nombre.  

 

 

III

 

Se escucha: el llanto de un bebé, la mueca de una guía mnemotécnica, la glorieta de un parque en alquiler y todo tipo de asperezas sobre una superficie de líquenes nocturnos.
Proporciones claudicantes de edificios de alcaucil, es decir, un insoportable olor a repollo pululando en la cocina y motas de estalactitas colgando del suelo.

 

 

IV

 

Sonó el reloj en lo que va del año: dos o tres veces; para perturbar el aire, enrarecido en la médula ósea del crepúsculo. El llanto ya es un capricho del pasado, un remolino de caricias inunda el hipotálamo del mercurio y un sonajero de risas, carisma de montaña, soporta con felicidad lo resuelto. Todo desenfreno es silencio en vapor de niebla y lo constituido en sorpresa, una cantimplora llena de veneno.

 

 

V

 

Siempre las maletas son la amenaza de la distancia: una vez se fue la luna y han pasado dos días sin noches. Mantener una sonrisa no es negocio, seguramente, se ha borrado el espejo del comedor, porque ya nadie baila frente a él.
El sueño, mejor dicho el recuerdo, perturba la estética de las nomenclaturas en afinidades de caretas, hasta caer en la penumbra de lo que no se ha dicho, de la luna.

 



[1] Estos poemas-fragmentos en prosa son parte de una obra mayor: Conceptos.

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