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Poco antes que Cristina Kirchner asumiera, habíamos anticipado que la inflación iba a ser el peor y el mayor de los problemas con los cuáles debía lidiar la segunda parte de la secuela kirchnerista.
Nunca segundas partes fueron buenas, reza el refrán; y es condenadamente cierto.
El conflicto agropecuario duplicado, el enfrentamiento con Clarín, la intromisión de Kirchner en los asuntos presidenciales, la redondez malsana de D´Elía, la insolencia millonaria de los Moyano, la falta de inversión, el humo isleño y sus muchos padres, los dedos toqueteando micrófonos a falta de otra cosa...
Todo ello molesta, y mucho; y paraliza el país, y entorpece la circulación, y divide, y nos enfrenta.
Pero no hay nada, no existe problema alguno que se meta tan violentamente en el alma y en el estómago de los argentinos como la inflación.
La inflación transforma la visita al supermercado en un calvario de reducción familiar o en el gasto brutal del soltero irresponsable.
La inflación son millones de familias atrapadas bajo la línea de pobreza que taladra desde abajo y te vacía la heladera, te vende el auto y te cuelga del cable.
La inflación es la violación de la vida, la destrucción de los sueños, la salud en jaque y la mala educación.
Cristina mientras tanto, dio 34 discursos en 50 días...Cuando le preguntaron por la inflación acusó al Grupo Clarín por aumentar silenciosamente el abono del cable...
Está claro que el tren del gobierno está descarrilado...
Saludos.
Maximiliano Baldassarri.
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