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Latinoamericanos, optimistas, pobres y empobrecidos, desalentados y atrasados...recibimos con demora y espanto un fascículo perdido de una colección que nadie reclama, la Guerra Fría; equilibrio falso, que Europa, Estados Unidos, el Vaticano y los hombres civilizados y bienpensantes del oriente y occidente condenaron y destruyeron en 1989. El muro de Berlín representó terror y prisión en los años ´60 y ´70; en los ´80 fue el símbolo de la desilusión de la utopia para convertirse, a finales de esa década, en el emblema eterno de la libertad de los pueblos. Derrumbado, violentado, pintado con arte o con pasión...la frontera cementicia que alejaba a los europeos orientales de las ganas de vivir era historia. No aquí, en éste arrabal de mundo, donde la noticia importante nos llega tan tarde y tan mal explicada que acabamos por confudirlo todo. Y el estertor final del sistema político-económico más fracasado de los últimos tiempos, el socialismo totalitario, se las compone para montar una pieza. Ajeno a la sofisticación intelectual de los marxistas de antaño, el socialismo latinoamericano del siglo XXI se resuelve con el libreto de la estupidez Chavista. Tristeza nos da saber que el pueblo venezolano, bravo y solidario cuando Malvinas, se halla sumido en una de las peores crisis sociales de su historia. En un país rebosante de petróleo, los habitantes de Venezuela tienen dificultades para conseguir repuestos básicos para hacer andar su coche o, mucho peor...leche para los niños. Sufren además una escalada inflacionaria descontrolada. El gobierno del señor Chávez, quién ofende a Bolívar tanto como un borracho al buen vino, produce soluciones rancias: quita ceros al Bolívar histórico y le estampa la palabra "fuerte". En conferencia televisada, el líder de Venezuela pontifica frente a sus acólitos y declara el fin de la inflación mostrando un manojo de billetes con menos valor que el dinero del Estanciero. No obstante los severos desarreglos económicos, Chávez tiene tiempo, ganas y dinero suficiente para empeñar a Venezuela en una escalada armamentista faraónica; se sabe que nada ni nadie puede, ni ha podido, con el poderío militar norteamericano. Algunos lo han enfrentado valerosamente, y han perdido; hoy, Alemania, Japón e Italia son amigos y aliados de su vencedor. Los rusos comunistas, más temerosos, prefierieron eludir el convite yankee; hoy, esos cobardes de antaño nutren de armas y tecnología militar a Hugo Chávez. Así las cosas, en la selva prevalece un hombre; inteligente y cultivado, Alvaro Uribe es lo más próximo a un estadista que puede ofrecer América Latina junto con el brasileño Lula. Definitivamente alineado con los Estados Unidos, y con los valores históricos de Occidente, el primer mandatario de Colombia enfrenta y vence, en una misma partida, a Chávez, Irán y el narcomarxismo terrorista. Lamentablemente, una gran jugada de dados no ganará la partida, ni resolverá la historia; hará falta una guerra o solución tan similar como terrible, para erradicar el marxismo y sus variantes bananeras. Saludos. Maximiliano Baldassarri.
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