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Fragmentos de "MI MENSAJE"
Testamento político de la compañera Eva
Perón, para que las nuevas generaciones de argentinos y de compatriotas
de nuestra Patria Grande, puedan comprender y diferenciar, en la hora
actual, dónde están los compañeros, y quiénes son los enemigos de la
Patria Justa, Libre, y Soberana.
Mi MENSAJE. "En estos últimos tiempos, durante las horas de mi
enfermedad, he pensado muchas veces en este mensaje de mi corazón.
Quizás porque en "La Razón de mi Vida" no alcancé a decir todo lo que siento y lo que pienso, tengo que escribir otra vez.
He dejado demasiadas entrelíneas que debo llenar; y esta vez no
porque yo lo necesite. No. Mejor sería acaso para mí que callase, que
no dijese ninguna de las cosas que voy a decir, que quedase para todos,
como una palabra definitiva, todo lo que dije en el primero de mis
libros, pero mi amor y mi dolor no se conforman con aquella mezcla
desordenada de sentimientos y de pensamientos que dejé en las páginas
de "La Razón de mi Vida".
Quiero demasiado a los descamisados, a las mujeres, a los
trabajadores de mi pueblo, y por extensión quiero demasiado a todos los
pueblos del mundo, explotados y condenados a muerte por los
imperialismos y los privilegiados de la tierra. Me duele demasiado el
dolor de los pobres, de los humildes, el gran dolor de tanta humanidad
sin sol y sin cielo como para que pueda callar.
Si todavía quedan sombras y nubes queriendo tapar el cielo y el sol
de nuestra tierra, si todavía queda tanto dolor que mitigar y heridas
que restañar y como será donde nadie ha visto la luz ni ha tomado en
sus manos la bandera de los pueblos que marchan en silencio, ya sin
lágrimas y sin suspiros, sangrando bajo la noche de la esclavitud! Y
como será donde ya se ve la luz, pero demasiado lejos, y entonces la
esperanza es un inmenso dolor que se rebela y que quema en la carne y
el alma de los pueblos sedientos de libertad y justicia!
Para ellos, para mi pueblo y para todos los pueblos de la humanidad
es "Mi Mensaje". Ya no quiero explicarles nada de mi vida ni de mis
obras. No quiero recibir ya ningún elogio. Me tienen sin cuidado los
odios y las alabanzas de los hombres que pertenecen a la raza de los
explotadores.
Quiero rebelar a los pueblos. Quiero incendiarlos con el fuego de mi
corazón. Quiero decirles la verdad que una humilde mujer del pueblo la
primera mujer del pueblo que no se dejó deslumbrar por el poder ni por
la gloria! aprendió en el mundo de los que mandan y gobiernan a los
pueblos de la humanidad.
Quiero decirles la verdad que nunca fue dicha por nadie, porque
nadie fue capaz de seguir la farsa como yo, para saber toda la verdad.
Porque todos los que salieron del pueblo para recorrer mi camino no
regresaron nunca. Se dejaron deslumbrar por la fantasía maravillosa de
las alturas y se quedaron para gozar de la mentira.
Yo me vestí también con todos los honores de la gloria, de la
vanidad y del poder. Me dejé engalanar con las mejores joyas de la
tierra. Todos los países del mundo me rindieron sus homenajes, de
alguna manera. Todo lo que me quiso brindar el círculo de los hombres
en que me toca vivir, como mujer de un presidente extraordinario, lo
acepté sonriendo, "prestando mi cara" para guardar mi corazón.
Sonriendo, en medio de la farsa, conocí la verdad de todas sus
mentiras.
Yo puedo decir ahora lo mucho que se miente, todo lo que se engaña y
todo lo que se finge, porque conozco a los hombres en sus grandezas y
en sus miserias.
Muchas veces he tenido ante mis ojos, al mismo tiempo, como para
compararlas frente a frente, la miseria de las grandezas y las
grandezas de la miseria.
Yo no me dejé arrancar el alma que traje de la calle, por eso no me
deslumbró jamás la grandeza del poder y pude ver sus miserias. Por eso
nunca me olvidé de las miserias de mi pueblo y pude ver sus grandezas.
Ahora conozco todas las verdades y todas las mentiras del mundo.
Tengo que decirlas al pueblo de donde vine. Y tengo que decirlas a
todos los pueblos engañados de la humanidad.
A los trabajadores, a las mujeres, a los humildes descamisados de mi
Patria y a todos los descamisados de la tierra y a la infinita raza de
los pueblos! como un mensaje de mi corazón.
5. LOS ENEMIGOS DEL PUEBLO. Los enemigos del pueblo fueron y siguen
siendo los enemigos de Perón. Yo los he visto llegar hasta él con todas
las formas de la maldad y de la mentira. Quiero denunciarlos
definitivamente. Porque serán enemigos eternos de Perón y del pueblo
aquí y en cualquier parte del mundo donde se levante la bandera de la
justicia y la libertad.
Nosotros los hemos vencido, pero ellos pertenecen a una raza que nunca morirá definitivamente.
Todos llevamos en la sangre la semilla del egoísmo que nos puede
hacer enemigos del pueblo y de su causa. Es necesario aplastarla donde
quiera que brote si queremos que alguna vez el mundo alcance el
mediodía brillante de los pueblos, si no queremos que vuelva a caer la
noche sobre su victoria.
A los enemigos de Perón yo los he conocido de cerca y de frente.
Yo no me quedé jamás en la retaguardia de sus luchas. Estuve en la
primera línea de combate; peleando los días cortos y las noches largas
de mi afán, infinito como la sed de mi corazón, y cumplí dos tareas.
¡No sé cuál fue más digna de una vida pequeña como la mía, pero mi vida
al fin! Una, pelear por los derechos de mi pueblo. La otra, cuidar las
espaldas de Perón.
En esa doble tarea, inmensa para mi, que no tenía más armas que mi
corazón enardecido, conocí a los enemigos de Perón y de mi pueblo. Son
los mismos.
iSí! Nunca vi a nadie de nuestra raza y la raza de los pueblos! peleando contra Perón.
A los otros en cambio, si...
A veces los he visto fríos e insensibles. Declaro con toda la fuerza
de mi fanatismo que siempre me repugnaron. Les he sentido frío de sapos
o de culebras. Lo único que los mueve es la envidia. No hay que
tenerles miedo: la envidia de los sapos nunca pudo tapar el canto de
los ruiseñores. Pero hay que apartarlos del camino.
No pueden estar cerca del pueblo ni de los hombres que el pueblo
elige para conducirlos. Y menos, pueden ser dirigentes del pueblo.
Los dirigentes del pueblo tienen que ser fanáticos del pueblo. Si
no, se marean en la altura y no regresan. Yo los he visto también con
el mareo de las cumbres.
6. LOS FANÁTICOS. Solamente los fanáticos -que son idealistas y son
sectarios- no se entregan. Los fríos, los indiferentes, no deben servir
al pueblo. No pueden servirlo aunque quieran.
Para servir al pueblo hay que estar dispuestos a todo, incluso a
morir. Los fríos no mueren por una causa, sino de casualidad. Los
fanáticos si. Me gustan los fanáticos y todos los fanatismos de la
historia. Me gustan los héroes y los santos. Me gustan los mártires,
cualquiera sea la causa y la razón de su fanatismo.
El fanatismo que convierte a la vida en un morir permanente y
heroico es el único camino que tiene la vida para vencer a la muerte.
Por eso soy fanática. Daría mi vida por Perón y por el pueblo.
Porque estoy segura que solamente dándola me ganaré el derecho de vivir
con ellos por toda la eternidad.
Así, fanáticas quiero que sean las mujeres de mi pueblo. Así, fanáticos
quiero que sean los trabajadores y los descamisados.
El fanatismo es la única fuerza que. Dios le dejó al corazón para
ganar sus batallas. Es la gran fuerza de los pueblos: la única que no
poseen sus enemigos, porque ellos han suprimido del mundo todo 19 que
suene a corazón.
Por eso los venceremos. Porque aunque tengan dinero, privilegios,
jerarquías, poder y riquezas no podrán ser nunca fanáticos. Porque no
tienen corazón. Nosotros si.
Ellos no pueden ser idealistas, porque las ideas tienen su raíz en
la inteligencia, pero los ideales tienen su pedestal en el corazón. No
pueden ser fanáticos porque las sombras no pueden mirarse en el espejo
del sol.
Frente a frente, ellos y nosotros, ellos con todas las fuerzas del
mundo y nosotros con nuestro fanatismo, siempre venceremos nosotros.
Tenemos que convencernos para siempre: el mundo será de los pueblos
silos pueblos decidimos enardecernos en el fuego sagrado del fanatismo.
Quemarnos para poder quemar, sin escuchar la sirena de los mediocres y
de los imbéciles que nos hablan de prudencia.
Ellos, que hablan de la dulzura y del amor, se olvidan que Cristo
dijo: "¡Fuego he venido a traer sobre la tierra y que más quiero sino
que arda!"
Cristo nos dio un ejemplo divino de fanatismo. ¿Qué son a su lado los eternos predicadores de la mediocridad?
7. NI FIELES NI REBELDES. Yo he medido con la vara de mi corazón la
frialdad y el fanatismo de los hombres. Los dos extremos han desfilado
permanentemente ante mis ojos. El paisaje de estos años de mi vida es
un inmenso contraste de luces y sombras.
En todos los momentos de esta vida mía me es dado contemplar y sufrir ese tremendo encuentro del fanatismo y de la indiferencia.
Confieso que no me duele tanto el odio de los enemigos de Perón como
la frialdad y la indiferencia de los que debieron ser amigos de su
causa maravillosa.
Comprendo más y casi diría que perdono más el odio de la oligarquía que
la frialdad de algún hijo bastardo del pueblo que no siente ni
comprende a Perón.
Si alguna cosa tengo que reprocharle a las altas jerarquías
militares y clericales es precisamente su frialdad y su indiferencia
frente al drama de mi pueblo. Sí, no exagero: lo que sucede en nuestro
pueblo es drama, auténtico y extraordinario drama por la posesión de la
vida, de la felicidad, del simple y sencillo bienestar que mi pueblo
venia soñando desde el principio de su historia.
El 17 de octubre fue el encuentro del Pueblo con Perón. Aquella
noche inolvidable se selló el destino de los dos, y así empezó el
inmenso drama...
Frente a un mundo de pueblos sometidos Perón levantó la bandera de
nuestra liberación. Frente a un mundo de pueblos explotados Perón
levantó la bandera de la justicia.
Yo le sumé mi corazón y entrelacé las dos banderas de la justicia y
de la libertad con un poco de amor... pero todo esto -la libertad, la
justicia y el amor, Perón y su pueblo-, todo esto es demasiado para que
pueda mirarse con indiferencia o con frialdad.
Todo esto merece odio o merece amor.
Los tibios, los indiferentes, las reservas mentales, los peronistas
a medias, me dan asco. Me repugnan porque no tienen olor ni sabor.
Frente al avance permanente e inexorable del día maravilloso de los
pueblos también los hombres se dividen en los tres campos eternos del
odio, de la indiferencia y del amor.
Hay fanáticos del pueblo. Hay enemigos del pueblo. Y hay indiferentes.
Estos pertenecen a la clase de hombre que Dante señaló ya en las
puertas del infierno. Nunca se juegan por nada. Son como "los ángeles
que no fueron ni fieles ni rebeldes".
8. CAIGA QUIEN CAIGA. Yo he visto a Perón peleando incansablemente
por su pueblo frente a las fuerzas dominantes de la humanidad.
Este capítulo está dedicado a ellas.
No puedo callar porque sería mentirle a mi pueblo y a todos los
pueblos de la tierra que han sufrido y sufren la despiadada prepotencia
de los imperialismos. Es hora de decir la verdad, cueste lo que cueste
y caiga quien caiga.
Existen en el mundo naciones explotadoras y naciones explotadas. Yo
no diría nada si se tratase solamente de naciones, pero es que detrás
de cada nación que someten los imperialismos hay un pueblo de esclavos,
de hombres y mujeres explotados.
Y aún las mismas naciones imperialistas esconden siempre detrás de
sus grandezas y de sus oropeles la realidad amarga y dura de un pueblo
sometido.
Los imperialismos han sido y son la causa de las más grandes
desgracias de una humanidad que se encarna en los pueblos. Esta es la
hora de los pueblos, que es como decir la hora de la humanidad.
Todos los enemigos de la humanidad tienen las horas contadas. ¡También los imperialismos!
En la hora de los pueblos lo único compatible con la felicidad de
los hombres será la existencia de naciones justas, soberanas y libres,
como quiere la doctrina de Perón.
Y esto sucederá en este siglo. Aunque parezca ya una letanía de mi
fanatismo sucederá, "caiga quien caiga y cueste lo que cueste".
9. LOS IMPERIALISMOS. ¡Los imperialismos! A Perón y a nuestro pueblo
les ha tocado la desgracia del imperialismo capitalista. Yo lo he visto
de cerca en sus miserias y en sus crímenes. Se dice defensor de la
justicia mientras extiende las garras de su rapiña sobre los bienes de
todos los pueblos sometidos a su omnipotencia. Se proclama defensor de
la libertad mientras va encadenando a todos los pueblos que de buena o
de mala fe tienen que aceptar sus inapelables exigencias.
10. LOS QUE SE ENTREGAN. Pero más abominable aun que los
imperialistas son los hombres de las oligarquías nacionales que se
entregan vendiendo y a veces regalando por monedas o por sonrisas la
felicidad de sus pueblos.
Yo los he conocido también de cerca. Frente a los imperialismos no
sentí otra cosa que la indignación del odio, pero frente a los
entregadores de sus pueblos, a ella sumé la infinita indignación de mi
desprecio.
Muchas veces los he oído disculparse ante mi agresividad irónica y
mordaz. "No podemos hacer nada", decían. Los he oído muchas veces; en
todos los tonos de la mentira.
¡Mentira! ¡Sí! ¡Mil veces mentira...!
Hay una sola cosa invencible en la tierra: la voluntad de los
pueblos. No hay ningún pueblo de la tierra que no pueda ser justo,
libre y soberano.
"No podemos hacer nada" es lo que dicen todos los gobiernos cobardes de las naciones sometidas.
No lo dicen por convencimiento sino por conveniencias.
11. POR CUALQUIER MEDIO. Nosotros somos un pequeño pueblo de la
tierra, y sin embargo con nosotros Perón decidió ganar, frente al
imperialismo capitalista, nuestra propia justicia y nuestra propia
libertad.
Y somos justos y libres. Podrá costar más o menos sacrificio ¡pero siempre se puede!
No hay nada que sea más fuerte que un pueblo. Lo único que se necesita es decidirlo a ser justo, libre y soberano.
¿Los procedimientos? Hay mil procedimientos eficaces para vencer:
con armas o sin armas, de frente o por la espalda, a la luz del día o a
la sombra de la noche, con un gesto de rabia o con una sonrisa,
llorando o cantando, por los medios legales o por los medios ilícitos
que los mismos imperialismos utilizan en contra de los pueblos.
Yo me pregunto: ¿qué pueden hacer un millón de acorazados, un millón
de aviones y un millón de bombas atómicas contra un pueblo que decide
sabotear a sus amos hasta conseguir la libertad y la justicia?
Frente a la explotación inicua y execrable, todo es poco. Y cualquier cosa es importante para vencer.
12. EL HAMBRE Y LOS INTERESES. El arma de los imperialismos es el
hambre. Nosotros, los pueblos sabemos lo que es morir de hambre.
El talón de Aquiles del imperialismo son sus intereses. Donde esos
intereses del imperialismo se llamen "petróleo" basta, para vencerlos,
con echar una piedra en cada pozo. Donde se llame cobre o estaño basta
con que se rompan las máquinas que los extraen de la tierra o que se
crucen de brazos los trabajadores explotados...
¡No pueden vencemos! Basta con que nos decidamos. Así quiso que
fuese Perón entre nosotros y vencimos. Ya no podrán jamás arrebatarnos
nuestra justicia, nuestra libertad y nuestra soberanía. Tendrían que
matarnos uno por uno a todos los argentinos. Y eso ya no podrán hacerlo
jamás.
13. EL ODIO Y EL AMOR. En años de lucha he aprendido cómo juegan su
papel en el gobierno de los pueblos las fuerzas políticas nacionales e
internacionales, las fuerzas económicas y espirituales de la tierra, y
cómo se disfrazan las ambiciones de los hombres.
Yo he visto a Perón enfrentándolos de pie, sereno e imperturbable,
mirando siempre más allá de su vida y de su tiempo, con los ojos
puestos exclusivamente en la felicidad de su pueblo y en la grandeza de
su Patria. Nada ni nadie pudo ni podrá apartarlo de su camino.
Yo recuerdo cómo, en los primeros tiempos de su lucha, debió
enfrentar la calumnia que intentaba separarlo de sus descamisados:
decían que él era un peligro para el pueblo porque era militar.
Algunos años después, como la calumnia no prosperó, sus enemigos
trataron de enfrentarlo con las fuerzas armadas. Decían que Perón
intentaba crear una fuerza en los trabajadores para sustituir el
influjo militar en el Gobierno de la República.
Sobre todas estas cosas quiero decir la verdad ¡mi auténtica verdad!
y espero que alguna vez se imponga sobre tanta mentira, o por lo menos,
-aunque no me crean- sirva para algo a los pueblos del mundo en sus
luchas por la justicia y por la libertad.
Declaro que pertenezco ineludiblemente y para siempre a la
"ignominiosa raza de los pueblos". De mi no se dirá jamás que traicioné
a mi pueblo, mareada por las alturas del poder y de la gloria. Eso lo
saben todos los pobres y todos los ricos de mi tierra, por eso me
quieren los descamisados y los otros me odian y me calumnian.
Nadie niega en mi Patria que, para bien o para mal, yo no me dejé
arrancar el alma que traje de la calle. Por eso, porque sigo pensando y
sintiendo como pueblo, no he podido vencer todavía nuestro
"resentimiento" con la oligarquía que nos explotó.
¡Ni quiero vencerlo! Lo digo todos los días con mi vieja indignación
descamisada, dura y torpe, pero sincera como la luz que no sabe cuando
alumbra y cuando quema. Como el viento que no distingue entre borrar
las nubes del cielo y sembrar la desolación en su camino. No entiendo
los términos medios ni las cosas equilibradas. Sólo reconozco dos
palabras como hijas predilectas de mi corazón: el odio y el amor.
Nunca sé cuando odio ni cuando estoy amando, y en este encuentro
confuso del odio y del amor frente a la oligarquía de mi tierra -y
frente a todas las oligarquías del mundo- no he podido encontrar el
equilibrio que me reconcilie con las fuerzas que sirvieron antaño entre
nosotros a la raza maldita de los explotadores.
19. VIVIR CON EL PUEBLO. Es lindo vivir con el pueblo. Sentirlo de
cerca, sufrir con sus dolores y gozar con la simple alegría de su
corazón.
Pero nada de todo eso se puede si previamente no se ha decidido
definitivamente encarnarse en el pueblo, hacerse una sola carne con él
para que todo dolor y toda tristeza y angustia y toda alegría del
pueblo sea lo mismo que si fuese nuestra.
Eso es lo que yo hice, poco a poco en mi vida. Por eso el pueblo me
alegra y me duele. Me alegra cuando lo veo feliz y cuando yo puedo
añadir un poco de mi vida a su felicidad. Me duele cuando sufre. Cuando
los hombres del pueblo o quienes tienen obligación de servirlo en vez
de buscar la felicidad del pueblo lo traicionan.
También tengo para ellos una palabra dura y amarga en este mensaje de mis verdades.
Yo los he visto marearse por las alturas. Dirigentes obreros
entregados a los amos de la oligarquía por una sonrisa, por un banquete
o por unas monedas. Los denuncio como traidores entre la inmensa masa
de trabajadores de mi pueblo y de todos los pueblos. Hay que cuidarse
de ellos: son los peores enemigos del pueblo porque han renegado de
nuestra raza. Sufrieron con nosotros pero se olvidaron de nuestro dolor
para gozar la vida sonriente que nosotros les dimos otorgándoles una
jerarquía sindical. Conocieron el mundo de la mentira, de la riqueza,
de la vanidad y en vez de pelear ante ellos por nosotros, por nuestra
dura y amarga verdad, se entregaron.
No volverán jamás, pero si alguna vez volviesen habría que sellarles la frente con el signo infamante de la traición". (...)
EVA PERÓN
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