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mario simonovich's blog
última actualización en: 12/02/2007 3:24 pm

[09/02/2007 6:33 pm]
Primera parte

Un montón de pliegos arrugados de licitaciones cae sin cesar sobre la Ciudad de la Furia. Cada pliego, un bollito de papel blanco. Una suerte de tormenta de granizos gigantes, blandos e inesperadamente peligrosos. Todo el día con aquella lluvia, extraña y horrorosa. Las calles acumulan toneladas de bollitos como recién sacado de ocho finales simultáneas de mundiales de fútbol: se tratan de miles y miles de licitaciones frustradas, caídas del un cielo neocapitalista y desencantado. En la zona industrial, al borde de la gran autopista que su puñal de cemento en el corazón aún latente de esta Ciudad de la Furia, se inicia una cadena de incendios que alcanza a hipermercados y fábricas de alimentos balanceados para animales domésticos, todo a causa de la intromisión del papel en las calderas y en las áreas de combustión. Un cortocircuito, mala leche, por cierto, y a partir de allí otro incendio, haciendo de ello una cadena solidaria de la maldad. Los papeles se van acomodando en montañas y el fuego alcanza a tironear las nubes. Es el sueño que envalentona la mente retorcida de una suegra Pit Bull. Nada de radio e Internet y menos de televisión, porque las licitaciones se convierten en una tentación para obtener el fruto de treinta años de trabajo bien remunerados en un arrebatar de maná celestial. Inclusive los periodistas, que tienen la posibilidad de extraer las licitaciones de las imprentas de redacción, igual interrumpen los informativos para salir a la caza de esos papeles valiosos, disfrazados de lobo feroz. Es claro: cuando sucede un hecho extraño y doloroso, aquella sociedad que no aprendió a sufrir usa los salvavidas pinchados de los planes económicos del momento. Sin embargo, la desilusión alcanza la retirada de los yuppies desesperados por las licitaciones asesinas y el alma estalla con la idea paralizante de que "todo se acaba". Ahora los gritos de dolor vienen de la calle, en el momento en que cientos de transeúntes recogen pliegos arrugados, lo desenvuelven y al hacer la primera lectura lentamente sus ojos explotan de sangre, al igual que los estómagos de las ratas cuando digieren el sebo de las ratoneras.

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Una muerte curiosa admite más curiosos que mueren al abrir los pliegos de las licitaciones para leer las bases correspondientes. En general -y disculpen si me expreso con lenguaje periodístico-, son las mujeres intelectuales y los empresarios de la city furiosa los que sueñan con la guita, aunque por una cuestión de oficio son los periodistas de Ambito Financiero quienes primero caen en esta emboscada sin retorno. Otros sujetos de la prensa, como los de Crónica, por ejemplo, se limitan a registrar el dramatismo de las muertes y también ciertas curiosidades, como la televisación de niños jugando al fútbol con los pliegos arrugados. Dos catástrofes: la muerte de los curiosos y el gran incendio que de a poco envuelve a la gran ciudad, por la granizada de licitaciones se prende rápido a la impotencia del fuego.
_ Los tiempos empresarios corren al Primer Mundo_
      Al escucharlo, Roberto Shake abre la discusión (por una cuestión de imagen, prohibe el uso del pasado como tiempo verbal para esta trama):
_ ¿Cuál es nuestro posicionamiento?
_¿Posicionamiento? ¿Te refieres a nuestro país o al posicionamiento de nuestra organización según el ranking de empresas de la revista Mercado?
     Todos los directivos presentes sufren un relámpago de stress -más o menos suena así: ¡¡strrrrrrtrrrsstrmmm!!-, por tomar el decimonoveno café puro con vitaminas E en la tarde.
_ ¡No debemos pensar! ¡Hay que competir! ¡Pensar es un engaño de la competencia! ¡No pensar: competir!
_ Venda...y gane
            Las últimas palabras, de Roberto Shake, aunque pudieron ser las de la línea anterior, por el grado de fundamentalismo técnico y optimista. Pero en realidad lo dijo para concluir la reunión de rutina. En tanto, detrás de los cristales nublados de ese otro mundo, la torre Merchandising, cuarenta pisos con forma circular, como el del Hotel Ilha da Madeira, de Camboriú (¡pero qué dicee!), el mundo empresario expresaba su infraestructura mediante oficinas inteligentes, aire acondicionado; revistas "de moda" (para las ejecutivas) y de moda (para ejecutivos), estos últimos, escritos por autores de piel color dollar, que predican la religión del negocio mediante el discurso ganador del pastor de la nueva era; murales con fotos en dimensión real de la noche de la Nueva York antes del 11-S y en un rincón, agua mineralizada en tanquecinos ionizados de plástico; limpieza suprema, imagen corporativa de excelencia; secretarias ilustres, ex lolitas de pasarelas amateurs, que con los ahorros pudieron perfeccionar el desgaste de la belleza de sus cuerpos; todas, por cierto, altas, veloces y almidonadas. Pasillos alfombrados, luz roja de alarma en todos los pasillos y con la última tecnología en seguridad; vistosos retratos de campeones mundiales del management americano, con epígrafes tales como "no dejes para mañana el negocio que puedes hacer hoy", "mirar lejos para ganar más", "si quieres ganar con sutil estrategia pues haz del negocio tu mejor jugada de ajedrez", "el cliente capta la buena imagen y la buena imagen capta una buena venta" y "el mejor servicio es servir con calidad, aunque el riesgo sea mayor".
_ ¿Qué buen café?_ en realidad, una exclamación, que al ser pronunciado en un tono elitista y comprador se transforma en una pregunta disfrazada.
_ Es diet, cero colesterol y te deja look.
_ Sho veo que el espejo de esa house me manda besitos.
_ ¿No me digás que saliste con el gerente de Manivela Sudamericana Corp?
_ ¡A Puerto Madero Boffe Ranch!
_ ¡Fascinante! ¿divina? ¿Y qué te dijo, corazón?
_ Sho sho sho ¡no sé! ¿fijate que fumó un atado finlandés, con tabaco de tiburón? ¡Loca, creeme,... y saludó a todo el mundo, con ese aliento a pescado VIP!
_ ¡Contame!
_ Agarrate: Ale Gravier se shama. Valeria ¡fascinante!. Nico y Flor Raggi, el gerente de marketing de Toshota...
            La humanidad decaía del otro lado de ese vidrio espejado que parecía dividir la vida y la muerte, la realidad y la ficción, la tragedia y la fantasía, los pies en la tierra y los pies en posición ¡plop! de Condorito.
            Pasos cargados de estrés. Un pañuelo triste de preocupación hace de limpiaparabrisas en la frente de Roberto Shake. Un resplandor paralizante de inseguridad lo detiene y mira el techo de la recepción del octavo piso, como despertando de un bollo lanzado por Locomotora Castro, hace doce años.
_ Tito, Karina trajo coffe diet, probalo con nosotras
_ No, no, dejá Giselle
            Preocupada, la ex modelo del colegio Ana Lafarge lanzó una frase de comunicación institucional, inventada por su jefe:
_ ¿En qué puedo serle útil?
            Shake apenas distinguió los labios color Picasso de su secretaria. Junto a ella, la otra secretaria, ambas de minifalda azul, con el prontuario lleno de cirugías estéticas en todos los rincones de su cuerpo, rodean al empresario con las manos en posición de preocupación.
_ ¿Shamo a su señora? _ lanzó Karina
_ No, no, sí, sí
_ Tito, estás ocultando una imagen corporativa insegura e ineficaz _ lanzó la otra.
            Para qué: golpe letal a la dignidad del ejecutivo. Roberto recoge el pañuelo mojado y lo arroja a la máquina de cortar papeles. Luego contesta:
_ Bueno, sí, es horroroso.
            Las dos a la vez:
_ ¿Qué ocurre, mi amor?
_ Están cayendo licitaciones del cielo.
            Giselle y Karina abren las compuertas de la euforia como si Itaipú decidiera, de un día a otro, hacer lo mismo para inundar toda la Mesopotamia argentina: piensan ya en un casamiento en un Costa Cruceros, en Marsella; pegan un gran salto y ambas chocan sus pechochas artificiales en el aire, al estilo Kili González y Juan Sebastián Verón, en tiempos de Marcelo Bielsa. Además se abrazan con el fervor del último champagne del año viejo.
_ ¿Dónde, dónde llueven las licitaciones, mi vida?
_ Aaa..fuera, no va a ser en el ascensor, trutrulaaa (¿plop?) (sí, efectivamente, ¡plop!).
            Las dos secretarias, ni bola. Gritan con más bronca que la hinchada de Godoy Cruz, cuando en febrero de 1997, mientras disputaba la B Nacional, le mete tres goles en cinco minutos a Argentinos Juniors, en cancha del Deportivo Español, siendo el cuadro de La Paternal hasta ese momento el puntero de ese campeonato y dejando esa posición privilegiada para el equipo mendocino -que nueve años después ascendería a la A-, con dos puntos de ventaja.
_ ¡Vamos afuera! ¡Es el fenómeno más es-pec-ta-cu-lar del libremercado!
¡Come on come on!
_ ¡Chicas, esperen un poco! ¡Chicas, por favor!
            Impotente para comunicar su mensaje, Shake parece un personaje extravagante de las tiras de Adrián Suar. Las "chicas" no pueden con sus ambiciones.
_¡Licitaciones! ¡Dinero  ya! ¡La oportunidad al instante! ¡Puerto Madero todos los fines de semana! ¡Revista Caras! ¡¡Seremos accionistas!!
_ Ay, esto parece una obra de teatro, por la cantidad de signos exclamativos.
_ Ok, entonces canalizaré mis emociones con signos U$S, ¿te pinta?
            La turbación de Shake le produce una inesperada inseguridad. No puede frenar esa trampa maldita del cielo. En la city de la furia es donde la tormenta de licitaciones alcanza su mayor pico, diría un chileno picarón (¡pero qué dicee!). Empresarios obsesionados devoran los pliegos arrugados de las promesas de negocios y de esa manera apagan sus vidas, es decir, de la máxima ilusión a la mayor desilusión y desgracia (así lo estaba narrando el cronista de Todo Noticias, en tanto el de Crónica seguía describiendo los rostros sorprendidos de los kioskeros).
            El mayor ambicioso de la imagen de Argentina se arrima al Barmatic, saca dos cafés diet y cuando se acerca al gran ventanal de la oficina mayor del octavo piso contempla la triste ceremonia de la agonía: Karina, cinco yuppies de la empresa que ganan U$S 3.700 cada uno...y también el vicepresidente segundo de la corporación Asuntos Públicos Relaciones Institucionales S.A.
_Es mi superior_ reacciona con estupor.
            El ánimo sufre un traspié. Se dirige al décimo piso, a la gerencia y el directorio. Ningún corazón latiendo. Cadáveres de traje y con ojos incinerados. Roberto Shake comprende el primer concepto de la realidad: "Más que tentaciones del sistema capitalista, esta lluvia de licitaciones es la maniobra de un gran holding que quiere monopolizar a la fuerza nuestros mercados, aniquilando directamente a sus competidores". Sin dudas que visto desde su cosmovisión empresaria no había errado.
            Se fija en el televisor de cincuenta y ocho pulgadas de la sala de conferencias y agarra el control remoto:
"Todo Noticias informa un cable de último momento. Una lluvia de papeles invade la capital y también a las grandes ciudades del mundo. En este momento se registra un número de víctimas mortales. En tanto, este cable expresa que Yukon Company llama a licitación a empresas que produzcan petróleo para satisfacer a un mercado emergente situado en el Asia Central. Las bases...de esta licitación...son las siguientes...(¡plop!)".
            El conductor del informativo se suma a las víctimas de la calle. Cumple su heroica misión sabiendo que las aún vigente teletipos imprimen licitaciones asesinas. No se olviden de este conductor, aunque no hay papeles para imprimir afiches con su rostro y pegarlos en la vía pública.
            Shake se siente elevado por el Challenger: empresarios y curiosos tocan las nubes y empezan a desaparecer, como si fuera un nuevo párrafo de aquella vieja canción de Charly García llamado Los dinosaurios. En tanto, ya que estamos con la música, Sandro diría que esta lluvia mortal para muchos significa el encuentro de un mundo de sensaciones. Entre las vícitimas, esas chicas sin novios que creen encontrar cartas de amor en los pliegos arrugados. Claro, una carta de amor en un pliego de amor significa una invitación a mantenerte becada de por vida, algo que quizás ellas no quisieran, pero sí sus padres, para encajonarse en los féretros con la mente tranquila. Por esa razón, las principales víctimas son las interesadas en el dinero. En fin, terror en primera plana en toda la ciudad, slavo en la emergente mentalidad del ejecutivo Shake, quien alcanza la azotea y desde allí observa una escena bélica filmada en Bagdad: la ciudad de la furia, en llamas hasta el horizonte, que aumenta a medida que siguen lloviendo los papeles del cielo. De Bagdad al infierno hay dos estaciones, nomás, diría el tataraniento de Dante.
            "Alan Schoonmaker afirma que no es posible evaluar los cambios que afectan a la productividad si no hay manera alguna de comparar las condiciones específicas en los diferentes asuntos", reflexiona, "entonces, ¿cuál es el valor relativo de las concesiones sobre las licencias versus la productividad?"
            En el silencio destructivo del infierno sólo se oye los gemidos de las almas que eligieron sin querer el fuego. Como toda tentación, al principio son gritos de alegría porque una licitación ganada sin concursar ofrece más que un laburo nuevo; después vienen los desmayos y por último el acuerdo que sella el desprendimiento del alma de su cuerpo. Muerte felíz, aunque dolorosa. Navidad boreal en una ciudad que recibe el más tentador de los manás venenoso. Estación blanca, altiplanos de papeles, calor histérico, copos de muerte, luz amarilla e intermitente, luz verde, carnet de conducir para Mariano Torresi, tira al arco y ¡dedos de acero para Mondragón! (¡pero qué dicee!). En tanto, Shake contempla la derrota de la urbanidad, ¿y del sistema económico? Sigue pensando.
            "Quizás las ofertas son las acciones de negociación más importantes y el patrón de estas ofertas puede ser un excelente indicio de los objetivos que persigue la masa crítica".
_¡Ahí está la clave! ¡Esta es una lluvia de ofertas sin retorno para Defensa del Consumidor! ¡Si encuentro al patrón de estas ofertas salvaré a la humanidad y de paso seré el protagonista del negocio del nuevo siglo! _ entusiasmado despilfarraba optimismo sin fundamentos hacia todas las direcciones tridimensionales del giróscopo, mientras abajo la sombra de papeles seguía apagando vidas en progresión geométrica_ ¡hallar el patrón de esta lluvia de ofertas y negociar, negociar, negociar y negociar: así se llamará mi primer libro sobre negocios".
            En esta perspectiva de poder se proyecta Shake: si cada licitación ganada es una valija de dinero y las licitaciones ya cubren la ciudad, entonces ¿cuánto dinero hay en esta...? Mientras más dinero, más poder, más trascendencia, más seguridad, más imagen, más mujeres y mejor reputación.
_ ¡No, no lo hagas! _ interrumpe Giselle, con ojos de vampiro calcinado, en sus últimos momentos con vida.
_ ¡A usted no la conozco! ¡Por favor, no se presente a trabajar con esa mala imagen!
            Giselle cae al suelo de la azotea y desparrama un lagunal de lágrimas, que se convierte en cenizas de espirales matamosquitos. En ella, una frase que expresa su último deseo, el mensaje de su vida. Shake aproxima su vista hacia aquella lágrima petrificada y se sorprende al comprobar en ella una expresión:
_ ¡Rosebaud!
            No, perdón, soy un wacho.
            El único empresario sobreviviente de la ciudad de la furia fija su mirada en los cabellos platinados de Giselle, sin vida. Se arrodilla. Le besa la frente y el primer plano de sus ojos se estampa en las últimas palabras de Giselle, escritas con lágrimas de ceniza:
            "Demuestre cómo la clave del éxito en las negociaciones consiste en entender los esfuerzos, palabras y acciones de la contraparte".
            Cierra los ojos. Intenta extraer una lágrima. Allí recuerda que alguna vez fue un ser humano, seguramente cuando veía las telenovelas de los sábados en esos tiempos que no aprendió a llorar en el Liceo Militar. Pero no puede más que extraer una lágrima simbólica y sentir, también en forma simbólica, la muerte de un ser querido del trabajo. Esa lágrima, al fin y al cabo, llega al corazón. Al corazón de la madre de la secretaria fallecida, que llega conmocionada junto al novio de la chica. Este último, con una sensación de alivio porque ya no tendría que buscar un trabajo de diez mil pesos por mes, para vivir en Puerto Madero, como lo quería su prometida. Pobre Giselle. Shake intenta hallar una respuesta de su corazón, que parece estar hipotecado desde que se dedicó a los negocios. Es que corazón se sentía inútil para compartirlo con el ideal de su vida, sintetizada en la frase: "cuidar la imagen a corto plazo y la reputación a largo plazo". En tanto, un viejo choto esparce las cenizas. Terror: el cadáver de Giselle, la bella aspirante al management, es ahora el cadáver de una borra gris, resaca de las tripas de un perro salchica, desparramadas en la autopista Panamericana, tras ser atropellado por un Kenia.
_ No sólo murió sino que también destruyó su imagen y su reputación ¡Qué horror!
            Roberto Shake, abandonado a la soledad por esas tremendas palabras pelotudas, si se las puede llamar así en el éxtasis de un duelo, abandona la terraza, piso cuarenta y uno del edicio circular, antes de que aparezca enterrado en los papeles, que a esa altura crecía en montañitas en ese lugar. Ya lo sabe: el negocio ahora está en no leer ningún pliego, hasta encontrar al "patrón de las ofertas".
_ Buenas tardes, jefe
            Lo mira, como yo lo estoy haciendo ahora al monitor de mi PC.
            Se trata del ¡único sobreviviente del edificio!: frente al espejo, Roberto Shake ante su imagen virtual, que le devuelve el saludo. Sólo él. Avanza hacia la computadora. Tan aburrido que habla consigo msimo y también se saluda a sí: se trata del síndrome de abstinencia de un hombre acostumbrado a las relaciones públicas.
_ A partir de este momento, 19 de febrero de 1999, 19.19 horas, yo, Roberto Shake, me designo presidente de Asuntos Públicos Relaciones Institucionales S.A., por ausencia de compentencia en el mercado de ofertas laborales...perdón, en las ofertas del mercado laboral (en realidad porque no hay otro que lo haga).
            A pesar del terror urbano, en su interior siente un orgullo capitalista: el ascenso, sin pisar cabezas, porque las cabezas ya fueron pisadas por las circunstancias. “Nunca me harán un juicio por acomodado”. Coctel de champagne portugués en una heladera del directorio, exclusivo para visitas del exterior. Tranquilo, patas para arriba, respira satisfacción en el sillón del presidente de la organización.
            Las personas dominantes detestan todo lo que indique sus debilidades. La felicidad del empresario esconde y disimula una flaqueza. No se explica tanta satisfacción en un escenario de horror, salvo que se contemple desde una perspectiva individualista. ¿Qué significa estar arriba del pedestal? ¿un derecho para ejercer el Bien Común o una bebida espumosa para derrochar con “sólo para entendidos”?
            “Con su primera oferta, usted debe crear un espacio amplio para el regateo” _ activa en su memoria los primeros consejos de su tutor del posgrado_ “y después irse acercando lentamente hacia la posición de la contraparte. Cerciórese de que su oferta le deje un amplio espacio para el regateo”. Infinitas escenas capitalistas en su marulo.
            Afuera, el mundo agoniza.
            Por esas razones de querer ser el gerente general de todo, Roberto Shake decide pisar el escenario urbano de la destrucción, para asumir la presidencia de las acciones –en el sentido de los acontecimientos, no tanto a las correspondientes a la Bolsa de Valores, o sea.
_ ¡Un mundo explotado es un mercado por explotar! _ gritó al cielo gris y empantanado de nubes tristes.
            No entiendo. La sanata más cósmica de la humanidad. Un materialismo criminal. Quien dijo esto pisa la vereda y de repente descubre que está en América Latina. El edificio circular de donde salió es la embajada del Primer Mundo en el Tercer Mundo.
            Muerte. Niños aislados en las terrazas de los edificios céntricos.
            “La preparación para negociar con el patrón de las ofertas: defina los asuntos, fije sus objetivos, analice la situación desde el punto de vista de ellos y planifique su estrategia”.
            Autos amontonados y otros huyendo del gran incendio (gran negocio). Hombres crucificados en el fuego, viudas aterradas con sus espejos oscurecidos, gente perdida que se pierde más y discapacitados aislados en el asfalto. Impotencia en Defensa Civil, bomberos, ambulancias y la policía. Exterminio paulatino. Las sombras del “día después” avanzan en cámara lenta para cubrir la ciudad con una inmensa nube, tóxica.
            “El negociador ideal tiene la necesidad de ganar, dureza y habilidad para crear relaciones confiables a largo plazo, como la persona dependiente; y tiene objetividad, rigor analítico y habilidad para dominar información compleja”.
            En la calle, Shake no puede cortarle el rostro a los cadáveres que empieza a reconocer. Los ubica porque él recibe las tarjetas de Navidad de las cúpulas directivas de las principales organizaciones “con buena imagen” del país. Todos los sin vida, fascinados por las licitaciones asesinas. La frialdad de Shake le configura una rigidez facial que por dentro el alma lo disfruta, ya que se sitúa en el último eslabón de la intimidad. Es que estar arriba de todos es lo primordial. No basta con un sueldo de cuatro mil quinientos dólares al mes, más ticket canasta y el abono del colectivo. En la carrera de la superioridad importa estar arriba, porque significa pertenecer al estatus del poder, de aquel poder que regula los mecanismos del sistema económico del país. La imaginación empresaria de Shake supera y desborda el espectáculo de terror que observa en vivo y en directo. ¿Por qué tanta frialdad? Él mismo lo responde:
            “Lo primero y lo más importante es que deje a un lado su sentimiento. Usted debe relacionarse con las personas distantes de acuerdo con la personalidad de ellas, utilizando hechos y no sentimientos; las personas distantes quieren estar lejos de las debilidades del mundo. Jamás aceptarían tener un hijo down o que un morocho adoptado se integre al grupo familiar”.
            Palabras que esculpen la personalidad de Roberto Shake: rubio, pelo corto, todo el día de traje, 0% de transpiración, rostro hermético, pulcro, preocupado por su imagen, relaciones interesadas y “distantes”, el dinero como el referente de la escala de valores de la “imagen”, ideales estrechos, conocedor de todas las capitales financieras del mundo (Hong Kong, Nueva York, Londres y Tokio), pero ignorante nato de las capitales turísticas de su propio país. Aburrido, prejuicioso, aparato –dicen que en la escuela lo llamaban “Shou 90”-, moralmente agnóstico, corto de vista y ausente del mundo de la vida.
            La TV satelital informa lo mismo: el caso Cóppola. Perdón, empecemos de nuevo. La TV satelital informa lo mismo: el mundo es víctima de una lluvia mortífera y en la ciudad de la furia es donde cobra mayor intensidad. Sólo sobreviven los ciegos y los periodistas de Crónica Tevé, que usan esas licitaciones como repositorio de papel higiénico en las estaciones de servicio de la vieja YPF. Por supuesto, también los analfabetos zafan, al igual que los niños pequeños, aunque en las grandes ciudades del planeta casi escasean los analfabetos y niños. Sin dudas que esta invasión deja el poder en manos de la barbarie campesina.
_ ¡Oh, no! ¡La ignorancia, la sencillez y la mala reputación al poder!
            En su mente recuenta los malos momentos vividos en sus diplomáticas giras de management. Especialmente cuando una vez ciertos directivos japoneses le muestran el aspecto ridículo del gaucho y se lo echan en la cara. “Así, con esa imagen, los argentinos son los payasos del Tercer Mundo, ja, ja, ja, tchuin tchuan pionk clu won sched”. De ese modo, siente orgullo interior por ser un flamante directivo de primera clase, pero también percibe indignación y vergüenza de ser argentino, y más ahora, en este ambiente de barbarie y destrucción, de incendio y ruina.
_ Los compradores_ refiere una vez a su hija Leticia Money_ pueden aparentar que sólo están analizando el mercado, aún cuando necesiten desesperadamente un proveedor. En circunstancias normales_ continúa_ los verdaderos vendedores no pueden aparentar porque todo el mundo sabe que quieren hacer el negocio_
            Recuerdos hermosos (“todo el mundo sabe que quieren hacer el negocio”, sigue repitiendo), que enaltecen su orgullo y justifican su máximo cargo directivo, ante la ausencia de un testigo o autoridad que lo legitime. Shake descubre que el dinero tiene un límite; en cambio el poder, no. Va sumando escalones de ambición a la medida que pisa los cadáveres carbonizados que ya no asustan tanto, porque lo que menos se parecen es a seres humanos. Mientras aumenta el terror urbano, más satisfacción deposita en su patrimonio material, disfrazado de espiritual, porque se siente dueño de toda la miseria que ve; que, como dije, para él eso significa un enorme negocio.
_ El gerente de Bunge y Born, afuera; los presidentes de Coca Cola, Sevel, Molinos Río de la Plata, Multimedios Clarín y Helados Lomoro han muerto...¿quién me puede frenar?
            La ciudad de la furia, peor que Roma tras el incendio de Nerón. Pero lo tiene claro: no leer ninguna licitación hasta hallar al “patrón de las ofertas”. Igual, la tentación existe. Imagina ser el único gerente competente del mundo. En pocas horas ya es el gerente de la ciudad. Nadie es nadie. Los sobrevivientes son ineptos o vagos que no leen porque los profesionales y los capacitados leen todo tipo de información para mantener la actualidad en pie, y además no dejan correr la oportunidad de leer un misterioso papel que cae del cielo.
            Así, esta lluvia de licitaciones logra aniquilar al sector más instruido y ambicioso de la sociedad. Se espera, entonces, un futuro decadente. Esa es la consecuencia más grave de esta invasión capitalista. Sobredosis de competencia –de esa competencia por agarrar una licitación del cielo, como si fuera el ramo que la novia tiró hacia atrás-, sin dudas que siembra nuevos brotes de ignorancia. Con la ignorancia, especulan muchos, es más fácil manipular la libertad.
            Luz verde para Roberto Shake, que sigue a pie. Las calles y autopistas, saturadas de pliegos; la posibilidad de ir navegando por el Río de la Plata hasta su casa, tampoco, carajo, por el papel acumulado; por último, queda el helicóptero de la organización que ahora preside...y, sí. Un presentimiento que lo aparta de su revolución ambiciosa: volver a casa en horario de trabajo. Con las ganas de celebrar su histórico ascenso con su esposa brasilera Eviña y sus hijas Pía Leudante y Leticia Money.
            “Fije un objetivo para cada asunto_ registra el mandamiento de la organización estructural a su memoria_ si no sabe para adónde va., porque así será muy difícil que llegue. Estos objetivos deben dividirse en esenciales y deseables. En el caso de los objetivos esenciables, decida lo que debe obtener. En el caso de los objetivos deseables, decida lo que le gustaría obtener, pero prepárese para hacer sacrificios en torno de ellos, para lograr sus más importantes objetivos”.
            Ya tiene bastante: capacitación con maestrías y diplomados en Georgetown, Paramaribo, Denver, Iquique, Oxford, Chilecito y Boston. Uno de ellos, “¿Por qué Chicho Serna erró el penal de Colombia ante Argentina en Barranquilla? Tesis, fundamentos y consecuencias institucionales”. Además (lo más), es el gerente general de todas las grandes empresas en la que fallecieron sus máximos directivos, enceguecidos, convertidos en ratas con “mala imagen” y finalmente calcinados.
_ ¡Basta, Rodríguez! ¡salga del baño!_ con furia de empresario explotador.
_¡No, doctor Shake!
_¡La información más importante para usted son los objetivos de ellos!
_¡Es que no logro determinar y maximizar la gama del regateo ni los plazos del negocio!
_¡Salga del baño y déjeme en la casa, luego llévese el helicóptero donde más le plazca! ¡hágalo antes de que le reste puntos en el rating de imagen de los empleados del mes de Asuntos Públicos Relaciones Institucionales S.A.! ¿No se dio cuenta de que ahora soy el presidente ejecutivo?
            Rodríguez se estaba enterando en ese momento y hubiera sido la ocurrencia de preguntarle quién lo había designado.
_Estoy a su servicio, señor presidente, le pertenezco
_ Tomátela.
En tanto, Shake sale del baño, asciende al helicóptero y en veinte minutos de vuelo borrascoso llega a la quinta en San Isidro. El hasta ahora su mano derecha en la gestión de la empresa, Rodríguez, se sentía absolutamente despistado con la situación y al igual que Shake, rechazaba asimilar la tragedia que se estaba viviendo en las grandes ciudades del mundo.
            El empresario hace una vista general de su mansión. Necesita llamar a Eviña. La tecnología lo ayuda.
_ ¡Hola querida! ¡Buenas noticias: soy el empleado del mes y el presidente ejecutivo de la empresa!
            Casa, o mejor dicho, mansión tomada por un fuego creciente. Ojos de vampiros calcinados, rondando en el jardín, en la búsqueda de la entrada principal, que para llegar a ella hay que experimentar toda una aventura. En el camino, tres mensajes escritos con lágrimas de cenizas. “Punta del Este, querido” (Eviña), “¿Me prestás cinco mil dólares para un fin de semana en Las Leñas con Maru?” (Leticia Money) y “Mi estilo de mujer casamentera sólo admite a jugadores de polo con diez de handicap” (Pía Leudante). El resto, una mansión gris y sucia, borrada del mapa. Absolutamente en ruinas. El único sobreviviente, el doberman Pilato.
            Papeles en la pileta y en el jardín, esperando prenderse con las hileras de llamas. Shake descubre que su mujer y sus dos hijas efectivamente abrieron unos pliegos.
            No fue inesperado. Quizás las siguientes palabras no nacieron de su razón, sino más bien de su corazón, pero al decirlo marca un antes y un después en su vida:
_ ¡Soy un miserable!
            No quiere saber nada con las licitaciones. Transformación del alma. Ahora se integra a la humanidad como hombre íntegro. Por primera vez en su vida desabrocha su camisa y arroja el saco y la corbata al fuego. Siente los latidos de la vida. La cruz de Jesucristo se imprime en el fondo de su mirada y deja huellas en la puerta del largo pasillo, descendiente, que conduce al corazón. Su orgullo se apaga. Siente temor y tristeza por lo que sucede en el mundo, el Tercer Mundo. Empieza a preocuparle.
_ ¡Pilato, al sótano!
_ ¡KWAC KWOC KWIC KWAC (guau, guau, en lenguaje empresario)
            Desaparece la frialdad facial. Por primera vez echa de menos una mala imagen: la suya, que es la de un hombre despeinado y desaliñado. Se va el perro y el silencio le abre por primera vez la puerta de la intimidad.
            Desde ahora en adelante, Roberto Shake es el Starkenauta.
 
 
 
            Está de moda contar chistes acerca de la clonación.
_ ¡KWOC KWAC KWIC KWUC!
_ Vamos Pilato, calla que la desesperación a todos nos tiene crazy
_¡KWOC KWIC KWAC KWEC KWUC!
_ Perro, ¡de qué sirve este impotente lenguaje empresario!: desde ahora eres un perro proletario
            Pilato sigue enroscando su mordedura en el durísimo nudo de la claustrofobia.
_ ¡KWOC KWEC KWIC KWAC!
_ ¡Vamos Pilato, a mí también me va a costar regresar a la plenitud humana!. En algún momento creímos en una salvación del mundo en base al juego desordenado de la libre economía y del poder, ¡entiendes!
_ ¡KWOC KWAC KWOC KWIC!
            El starkenauta lanzó una llamarada de bronca:
_ ¡Pero no puedes ladrar como un perro normal!
_ ¡KWOC KWAC KWIC KWRZICXSDWB066!
¡PLUM! ¡CRASH! ¡BOOM!
_ ¡Pilatoooo!
            Las manos, blancas de tanto apoyar la Parker 085 alt N, acarician con prepotencia un material rugoso, eléctrico y tensionado: los cabellos despeinados del starkenauta. Ahora, silencio, silencio movedizo, como el del Génesis, orquestado por el orden divino. Afuera, un imperio inorgánico de papeles que matan con las manos limpias. Se mueve y rota más veloz que la Tierra. Los latidos de la premonición sacuden los campanazos que irritan la piel de tanto temor. Campanazos que no advierten nada y que luego se escurren por arte de magia en el pasillo más veloz del olvido. El starkenauta avanza porque la grabación se acaba; la cinta se suelta y el rollo gira con mayor velocidad. Despide el aullido silencioso del favor no cumplido en el perro, por lo cual los cabellos electrizados del starkenauta suman alta tensión, tan sobredimensionada que se reparte en los pasillos del olvido y en las interrupciones de la vista. Shock a veinte mil voltios. Un rollo que manifiesta un espacio de tortura inhumana. Así trabaja la cabeza cuando los prejuicios compiten fura de la ley con los temores.
_ Oh, alguna de las chicas dejó rodando la cinta antes de morir...
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El periodista y escritor Mario Simonovich narra la invasión del neocapitalismo salvaje de Marte a la Tierra. Un ejecutivo de la imagen será el encargado de la resistencia, pero antes deberá sufrir una profunda transformación.

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